miércoles, 23 de junio de 2010

LA PRIMERA VEZ


La primera vez.
Fue entonces cuando a la edad de cuatro años me tragué la canica que traía en la boca y a mi mente con intensidad amenazadora, llegaron en tropel las palabras de mis padres:
“No te metas eso en la boca… ¡Si te lo tragas te mueres!”
Retraído y sin jugar cavilaba sobre mi triste situación, sufrí los horas más increíbles de mi corta vida. ¿Cómo sería la muerte? Luego pensé en Tadea, ella sabía todo; le preguntaré durante la cena y ¿si muero antes? Convencido ocurrí a la cocina.
Con mi pequeña estatura, levanté mi rostro frente a ella, era la mujer más alta del mundo; pero muy buena, más buena que el pan, decían en mi casa.
Ella sacando sus grandes manos del delantal, me miró casi desde el techo, luego me cargó para ver que me acontecía.
─ Tadea: ¿Te has muerto alguna vez?
─ ¡Muchas! hijo, ¡muchas!
Le di un gran beso. Luego salí corriendo feliz, no valía la pena llorar por la primera vez.

Madrid, otoño del 2009

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