lunes, 21 de diciembre de 2009

CARTAS A MI ABUELO

23 de Junio de 1943


   Querido abuelito.

   Que lejos están aquellos días en que ambos sentados, tú tomando tu dieta de sol de cada mañana en la silla de respaldo muy alto y yo en el suelo atento a tus palabras, me hablaste del poder de las letras, con vergüenza hoy te confieso que no te entendí, en aquel momento no quise pasar por tonto y por eso ya no te hice preguntas, aunque recordaras que tu me enseñaste a nunca quedarme con dudas.

   ─Tus palabras aún suenan en mis oídos.

   La revolución la hice con las letras, con las letras se puede hacer más daño que con las balas, estuve en la cárcel por defender mis ideas, por comunicar los errores del mal gobierno.

   Ahora he sacado unas hojas de un periódico de papel amarillento que conservo con tanto amor y disfruto leyendo tus artículos, conociendo tus pensamientos y quiero decirte:

   ─Abuelito, que bueno que estuviste en la cárcel, me enorgullece el saberme tu nieto, que grande fuiste por que nunca te callaste, cuando nuestro pueblo era pisoteado tu siempre levantaste la voz a pesar de que guardando silencio todo hubiera sido más sencillo para ti y sobre todo para mi abuelita, le hubieras ahorrado tanto sufrimiento.

   Me comentaron que Cocho Jiménez, llegaba a la casa jadeando de tanto correr, para decirle.

   ─Doña Daría otra vez agarraron a don José está nuevamente en la cárcel, ¿qué hacemos?

   Y mi mamá grande tomando su chal negro, corría llorando con los amigos, a los que siempre recurría solicitando su ayuda y en los que siempre encontró apoyo.

   ─“Las letras no se encarcelan”, decía tu artículo fechado desde el reclusorio, páginas escritas en papel que, a escondidas te llevaba mamá Darita a la cárcel y que se valían de Cocho Jiménez para sacarlas de ahí y llevarlas a la imprenta, en la que siempre estaban esperando tus artículos.

   Páginas escritas con el dolor de ver los tuyos lastimados, deben de haberte dolido mucho, aquellos sufrimientos de tu esposa y de tus tres hijas aún muy pequeñas.

   Luego en libertad dejabas pasar unos pocos días, conversabas con mamá grande, la convencías de continuar con tu lucha, ella te apoyaba más por el gran amor que los unía, que por convencimiento de tus ideas.

   ─Claro abuelito las letras tienen mucho poder, más que las balas.

   Deseo comentarte que después de que tú nos dejaste en todos los países del mundo han continuado tratando de asesinar a las letras, han matado a muchos escritores, pero hasta la fecha no han logrado matar sus pensamientos, han encarcelado a muchos periodistas, pero las ideas siguen cada vez difundiéndose con mayor libertad, han clausurado muchos periódicos; roto muchas imprentas, sin embargo no han logrado quebrar las voluntades de quienes como tú en su momento enarbolaron la bandera de su pueblo.

   ─Gracias abuelito, por tu contribución a la libertad de prensa de nuestra patria.


sábado, 21 de noviembre de 2009

CARTAS A MI ABUELO

   MI ABUELO
   Abril de 1944


    Mi abuelo José Miguel Góngora Martínez, nació en el año de 1869 en la ciudad de San Luis Potosí, hijo único de un matrimonio tardío, él, un sacerdote dominico español ya mayor de edad, dudó mucho sobre su decisión de dejar ó no los votos sacerdotales para contraer matrimonio; ella, una mujer joven, hija de madre mestiza y padre español, era una joven de convicciones muy firmes, en ningún momento dudaba sobre las posibilidades de su matrimonio y luchó contra todos los que en alguna forma obstaculizaron sus planes matrimoniales, finalmente logró que José Miguel consiguiera las dispensas eclesiásticas para materializar los dictados de su corazón.

El producto de ese matrimonio fue un hijo varón que heredó aquellos rasgos mas distintivos de los españoles y mexicanos, la terquedad es quizá la palabra más mala que yo escuchara sobre los atributos de mi abuelo, tal vez lo calificaron en esa forma, debido a las dificultades que oponía a los que trataban de que cambiara su manera de pensar, ya que el no aceptaba nada de aquello que no lograban convenserlo, supongo debidas por algunas conversaciones sobre el catolicismo que le fueron transmitidos por su padre.

Si me fuera posible trazar un perfil de mi abuelo lo dibujaría así:

Ideas muy firmemente arraigadas, voluntad férrea, muy tenaz, fuerza de voluntad inamovible, una vez convencido de algo difícilmente modificaba su manera de pensar; en el momento histórico en que le tocó vivir fue muy valiente al demostrar durante parte del porfiriato su lucha contra ese régimen dictatorial, gran defensor de la libertad de expresión, su lucha para lograr los principios democráticos que enarbolara don Francisco I. Madero, lo condujeron varias veces a la cárcel, más nunca renunció a publicar sus creencias políticas y religiosas en la prensa de su ciudad natal.

José Miguel contrajo nupcias con Daría Franklin, mujer creyente de la religión católica aceptaba a ciegas todo lo que le decían en la iglesia, sufría pensando en la posible condenación del alma de su marido, pero la grandeza de su amor por él, la hace entender que los caminos que conducen a Dios, no son exclusivos de un solo dogma de fe o de una sola religión.

   José Miguel hombre culto de ideas políticas avanzadas para su época, no estaban de acuerdo con la dictadura de Porfirio Díaz, ni mucho menos con Victoriano Huerta, en la plaza de armas de su ciudad natal organizaba mítines políticos en contra del mal gobierno, escribía en los periódicos, en los que siempre manifestó públicamente su sentir democrático, fue encarcelado varias veces por defender sus ideas, pero no claudicó, creyó firmemente en los postulados de don Francisco I. Madero.

   Murió en el mes de febrero de 1941, cuando cumplía setenta y dos años de edad, con plena lucidez mental, por desgracia perdió la vista como consecuencia de unas cataratas equivocadamente extirpadas.

   No recuerdo a mi abuelo en los primeros años de mi vida, ya que abandoné su ciudad a los cuatro años de edad, regresé cuando contaba con nueve y me es aún familiar su figura, me agradó su trato amable, se ganó mi corazón y confianza de niño. Acudía a él con frecuencia, fue mi primer diccionario, mi primer libro de religión, para mi él contenía la biblioteca de Alejandría entera, era en fin, el más grande sabio del mundo.

Siendo muy pequeño escuché una vez que mi abuelito había estado en la cárcel, sentí una sensación muy rara en mi pecho y en el estómago, pero guarde ese malestar por años.

   Tiempo después cuando vivía con él, una mañana durante el desayuno de un día 20 de noviembre, le pregunté:

   ─Abuelito, ¿estuviste en la Revolución Mexicana?

   ─No, la insurrección la hice con las letras, yo escribía en los periódicos y de ésta manera les comunicaba a muchas personas las realidades del mal gobierno.

   Pasaron las semanas y un día le pregunté.

   ─ ¿Cómo es posible matar gente, utilizando solo las letras?

   ─ Con las letras se puede hacer mas daño que con las balas─ me respondió.

   La verdad yo no entendía, pero otra vez me quedé callado y pensando, ¿cómo con las letras se podrían abrir heridas mortales?

   Un sábado por la tarde viendo a mi abuelito leer el periódico lo asalté con la pregunta que traía clavada desde nuestra última conversación sobre ese tema.

   ─ ¿Entonces mataste gente con las letras y por eso te metieron a la cárcel?

   ─ No hijo, a mi me metieron muchas veces en la cárcel no por matar gente si no por que usando las letras como armas, muchos escritores y periodistas logramos orientar a nuestro pueblo, crear conciencia ciudadana, decirles a los malos gobernantes la clase de basura que eran. No es una vergüenza estar en la cárcel cuando te asiste la razón, cuando luchas por tus ideales, cuando con las letras tratas de construir un mundo mejor, más justo.

   ─ Cuando estuvo aquí en San Luis el señor Madero─ continuó mi abuelo─ tu madre era una niña pequeña y aprendió a gritar ¡viva Madero!, después de que lo asesinaron, los traidores también me encarcelaron por que no querían que se conocieran sus errores.

   Mi abuelo murió cuando yo cumplía once años, pasó tiempo para que entendiera lo que me dijo.

   Abuelito quiero decirte que por fin comprendí un poco sobre tu manera de pensar y actuar, pero como no deseo estar equivocado te las quiero comentar en cartas, aunque te fuiste hace tiempo, yo sigo en mi interior platicando contigo, ya que te guardaré muy dentro de mí toda mi vida.

miércoles, 18 de marzo de 2009

EN LA OQUEDAD DE LA NADA.

Tratar de entender la existencia de la nada,
sentir la soledad dentro de una alma vacía.
Comprender la tristeza de un sepulcro solitario,
entender la nostalgia de luz en mi eterna noche umbría.
Analizar la lucidez de la demencia,
meditar las palabras sin sentido.

Eso ha sido mi soporte en esta larga nada de la noche;
en esta soledad de existir sin ilusiones.
El corazón yace fuera de mi cuerpo yerto,
palpita y vive solitario, como mi pensamiento que viaja fuera del cerebro,
añorando la soledad, en el infinito vacío de la nada...

Ante la frialdad de tus miradas huecas, vacías de nostalgias muertas;
mis labios sedientos, se embriagarán de los recuerdos sin mañanas,
en la lenta agonía de horizontes sin esperanza,
en la oscuridad perpetua de la soledad que me dejaste.

Me perderé en un discurrir de tiempo inexistente,
un respirar sin aire,
caminando sin pasos ni sombras… Sin huellas;
carente de rumbos… Ni sentidos.

Raúl Morales Góngora
Madrid, 3 marzo de 2 009

SOMBRA, SOMBRA MÍA.


¿Acaso eres el ángel encargado de cuidarme?
¿Acaso el espectro de una anima que pena?




Córvido espanto que mis pasos sigues
incorpórea aparición, oscura, tenaz y silente
Sombra opaca de mis pensamientos tristes.
Compañera eterna de fortunas y fracasos.

Visión maligna de comportamiento esquivo,
que te ocultas de la luz avergonzada,
espanto testigo de mis pecados de antaño,
aparición maldita que mis besos imitabas.

Te quise perder de niño y jugando al escondite
me ocultaba en el armario de los recuerdos callados,
pero siempre me encontrabas imitando mi existencia.
Brincabas y corrías detrás de mi persona tercamente.
Espectro que en la escuela te sentaste a mi lado.

Imitación burda de mis pasos sobre el mundo.
Sombra callada, mudo testigo de aciertos y de yerros.
Lóbrego ser que con pasión besabas,
a la sombra inerme de aquella a quien yo amaba.

Aléjate de mí, déjame terminar solo los pasos que me quedan
No te quiero de acompañante en mi cortejo
Viajaré donde la luz no te permita,
esconderte jamás en parte alguna.

Raúl Morales Góngora
Madrid, marzo 17 de 2009

domingo, 25 de enero de 2009

CUENTOS A MIS NIETOS

Cada noche mis nietos me pedían que les platicara un cuento, pero ellos cansados de las versiones originales, me decían:

¿Qué pasaría sí...?

De ello se desarrollaron variantes como ésta:


EL LOBO DE CAPERUCITA ROJA.

Para mi nieta Blanca Nieves, como un recuerdo sobre los cuentos que de niña le platicaba su abuelo.

Todos conocemos el cuento de Caperucita Roja, aquella niña inocente que un día cruzó el bosque para llevar una canasta con alimentos para su abuelita enferma, lo que no sabe todo el mundo es que sucedió con el lobo después de aquel gran festín que se dio en el tan famoso banquete.

Imaginemos al lobo, un terrible animal famélico babeando de hambre, enseñando unos terribles colmillos más filosos que cualquier instrumento humano, apenas había concluido un crudo y largo invierno y el pobre lobo no había logrado conseguir casi nada par alimentar a su enorme cuerpo que le exigía comida cada minuto, cuando se le presentó la oportunidad de devorar a la abuelita que yacía enferma de diarrea en la pequeña cabaña ubicada en la parte central de aquel enorme y sombrío bosque.

Enterado el malvado lobo por los comentarios de la inocente niña, con la sagacidad que el hambre les proporciona a los necesitados, imitó la dulce voz de Caperucita, la vieja abuela llevaba tres días que se pasaba las horas sentada en el wáter y con los ojos sumidos en unas órbitas que denotaban un tremendo insomnio y una deshidratación espantosa, ya que había expulsado cuanto líquido le podía quedar en su enjuto cuerpo, le era imposible dejar el lecho una vez más, por lo que en lugar de asearse después de su última e inútil visita al W.C. (ya no tenía nada que expulsar) quitó el cerrojo de la puerta, haciendo un enorme esfuerzo llegó hasta su cama.

Se arrebujó en el lecho cuando llegó la posible visita esperada, pero era el maligno animal que quiso aprovecharse de la debilidad de la anciana, con lujo de violencia trataba inútilmente de masticar aquellos huesos que le resultaron tan duros como piedras de río, en su afán provocado por la ansiedad del hambre impaciente, se quebró dientes, colmillos y molares, sin obtener en cambio ni una sola gota del jugoso banquete que había imaginado, esta fue la verdadera causa de que el pobre animal se viera obligado a devorar entera a la abuelita.

Terminada la triste comida que esperaba fuera un entremés para continuar con el platillo principal que sería la tierna criatura, inútilmente se probó la dentadura postiza de la abuela ya que le sobraba espacio en sus quijadas y el postizo se le movía por doquier, preso de desesperación se afiló lo poco que le quedaba de dentadura con un limatón que encontró en una vieja caja de herramientas, propiedad del abuelo de la niña.

A los minutos, el lobo infectado por la disentería que le contagió el haber comido a la anciana, tenía unos terribles movimientos en la tripa, se encontraba sentado en el wáter de la casa con cólicos que lo hacían llorar de dolor, aparte sabedor de que el malestar provenía del alimento malsano, se metía mano y brazo por la garganta tratando de asir por los cabellos al bocado que tanto daño le estaba causando, en ello se mantenía ocupado cuando la dulce niña llegó a cumplir el sagrado deber de visitar a la abuelita.

El lobo ya no tenía interés por la comida, lo que deseaba era a como diera lugar desechar lo tragado, la niña al ver aquel cuadro tan espantoso empezó a pedir auxilio, a los gritos de ella, unos leñadores escucharon la solicitud de ayuda y encontraron al lobo en una rara postura: se había colocado un trozo de leño para mantener las quijadas en máxima apertura y con las dos manos jalaba a la abuelita que con el susto se le suspendió la diarrea y se le veía de mejor semblante, con la apoyo de los leñadores pronto extrajeron a la anciana completa, que daba gracias al cielo de haber contraído aquella terrible diarrea que tanto malestar causara al lobo.

El pobre animal salió huyendo despavorido de aquella casa, y no lo volvieron a ver ni a escuchar sus terribles aullidos durante la larga vida de Caperucita Roja.

Madrid, a 7 de octubre de 2008

domingo, 28 de diciembre de 2008

FORO MI QUERIDO GATO

La Poesía siempre me ha apasionado, hace tiempo fui invitado a escribir un poema sobre gatos, la verdad el tema no me agradó y así lo hice saber al consejo editorial de la revista, pero fueron inflexibles:

─El tema para nuestra siguiente publicación es sobre gatos.

Esa noche, recordé que en mi niñez una de mis hermanas adoraba a un dulce minino, el gatito no era de ninguna raza definida, solamente blanco con manchas negras. Pasaba la mayoría de las noches de parranda y llegaba por las mañanas a su lugar preferido próximo al fuego para dormir casi todo el día, no había gratitud de su parte, salvo algunas noches que nos llevaba serenatas acompañado de sus amigos, los vagos del barrio.

Foro fue el nombre con que mi hermana llamaba a su gato, con el tiempo llegó a la edad de que se torna uno cuidadoso de la salud y miraba con tristeza desde la ventana las noches llenas de tentaciones, pienso, que de su pecho salían grandes suspiros, muy gratos recuerdos debieron llegar a su mente, luego con tristeza razonando en su pequeño cerebro, se encaminaba próximo a la gran estufa de leña, a su sitio preferido, ahí tal vez soñaba recordando dulcemente las aventuras pasadas.


FORO MI QUERIDO GATO

De tantas parrandas aquella mañana llegaste cansado.
No eras de clase ni de noble estirpe, solo un simple gato.
Recuerdo el invierno con su viento norte, las fuertes nevadas,
buscaste tu sitio de siempre, muy cerca del fuego.

No te disculpabas de haber faltado por algunos días,
yo se que cumplías serios compromisos en las azoteas,
con tus amigotes y con las mininas de todos los barrios,
buscando pendencias y dulces amoríos, pasabas el tiempo.

Nunca nos presentaste a tus bellas, nocturnas amantes,
eras muy serio y reservados en el tema de amores.
Algunas mañanas llegaste golpeado, otras veces con cara de angustia.
Más nunca escuchamos de ti los lamentos, sí sufrías: Lo hacías en silencio.

Ahora ya te jubilaste y pasa el tiempo muy serio pensando,
en los errores de tiempos de antaño,
yo te leo algún libro que escuchas atento, te platico de sueños
parece que entiendes y sientes, cuando me refiero a cosas no gratas.

Así es la vida y tú la comprendes.

Cuando la noche entra por la puerta del zaguán del fondo,
Suspiras muy hondo, piensas en salir e irte de fiesta,
luego te arrepientes y regresas juntito del fuego.
Yo se lo que sientes y pienso y sufro las mismas penurias.

Vamos a la cama que ya se hizo tarde, tal vez mañana… Sí nos animemos;
salgamos a ver los amigos ¿sí no?, desde lejos recordar que no ha mucho tiempo
tu y yo éramos galanes de todas las noches.


Morales Góngora Raúl Madrid, España 11 de abril de 2008

PEDIMENTO DE NOVIA

Esa noche Ruperto y Gilberto hacían planes para el día siguiente, se verían a las seis de la tarde, en la cantina de la plaza principal, ya que a pocas cuadras se encontraba la casa de la novia de éste.
Casi fueron puntuales a la cita, Ruperto solicitaría la mano de la novia de Gilberto, pero el problema consistía en que la señora madre les negaría el ingreso a la casa, no los escucharía, por lo que para llenarse de valor se tomaron algunas copas.
Ensayaron como si se tratara de una obra de teatro, desarrollaron íntegros los parlamentos, pero siempre se presentaban diferentes opciones que complicaban la petición matrimonial, debido a ello se vieron en la necesidad de beberse otros tragos, unos compañeros de trabajo que ya estaban muy entrados en copas, fueron confidentes de la inquietud que aquella noche aquejaba a los dos amigos.
A medida que transcurrió el tiempo, las discusiones se enriquecieron y las voluntades se unieron, ya que a esas horas gran parte de los parroquianos participaban y más de uno se propuso para iniciar las negociaciones con la presunta suegra, otro dijo conocer muy bien a la familia y saber como resolver el problema planteado.
El cantinero, viejo habitante del vecindario, conocía muy bien a la dama, sabía que era de una voluntad férrea y que no iba ser fácil dar en matrimonio a su única hija, por lo tanto recomendaba prudencia y que dejaran todo para el día siguiente, si acaso lo deseaban, para suavizar los trámites podría ser aconsejable llevarle una serenata. Diciendo y haciendo a los pocos minutos se presentó un trío de cancioneros y con la parroquia de la cantina en pleno caminaron la cuadra y media que los separaba.

Algo sucedió, pudo haber sido la hora o que la selección de canciones no eran la apropiada, el caso es que en lugar de que apareciera en el bacón la virginal novia, hizo su presencia la doña, quien sin guardar la compostura que la prudencia exige, insultó al novio, a los músicos y a los acompañantes amenazándolos con llamar a la policía si en cosa de segundos no tomaban las de villadiego.
Lo que la señora pensaba que iba ser tarea fácil resultó no ser de su agrado, ya que por el calor de las copas más de uno de los ofendidos amenazó a la señora con cumplir con los deberes conyugales, que seguramente el esposo no ejercía. Hubo ofensas maternas y recuerdos insultantes para el resto de las familias.
Un coche de la policía se hizo presente y en pocos minutos fue disuelta la serenata y en pocos regresaron a la cantina para formular un nuevo plan de ataque, el novio se había quedado rezagado debido a que una imperiosa necesidad fisiológica lo había obligado a retirarse por unos momentos del teatro de acción y muy triste caminaba tras sus compañeros de gestiones.
Al día siguiente en varios centros de trabajo se comentaba sobre la necesidad de unir esfuerzos para apoyar al compañero Gilberto, la noticia llegó pronto al Secretario General de la sección 147 del sindicato de mineros, quien era amigo personal de Ruperto; consultó al departamento de aceración sobre el turno en que éste último estaba laborando, la respuesta fue: ayer le tocó descanso, por lo que hoy vendrá de segunda, o sea en el turno vespertino, lo llamó a su casa y el Secretario General acordó buscarlo en el departamento de Hornos de Aceración.
No habían pasado de las siete de la tarde cuando la comitiva de los dirigentes sindicales arribó al departamento, en donde prácticamente se suspendieron las labores, no pocos deseaban presentar alguna petición a su máximo líder y representante, otros querían tener el honor de estrechar su mano.
Por fin Ruperto ante un grupo importante de compañeros, expuso con detalle el problema del colega Gilberto y acordaron que el Sindicato solicitaría a la empresa un permiso de hasta por tres días para que se integrara a una comisión, responsable de alcanzar el éxito sobre la petición del compañero Gilberto.
El lunes temprano fueron recibidos en la reunión semanal, de los dirigentes, en donde se aprobó que aquella misma tarde tres representantes de la sección sindical de mineros mas grande del país, acompañarían a Gilberto y a Ruperto en el pedimento de mano.
La cita fue en el restaurante “El Charro” a media cuadra de la casa de la novia, hasta la plaza principal llegaron dos automóviles, en uno de ellos con los representantes sindicales encabezados por el líder máximo, en el otro el novio y su amigo que a pesar del sofocante calor habían acordado vestir riguroso traje y corbata.
Después de tomar café que algunos acompañaron con “conchas” y los más con “campechanas”, se aprobó por unanimidad que fuera Ruperto el primer orador y que solo interviniera la dirigencia sindical en caso que fuera estrictamente necesario.
Cinco personas apostados a la puerta en la casa ubicada en la Morelos, tocaron con insistencia hasta que la señora de la morada, se dignó a entreabrir la puerta, al reconocer a Ruperto, cerró de inmediato con unfuerte portazo.
Llaman a la puerta nuevamente; pero ahora con demasiada autoridad y obligan a la señora nuevamente a quitar la cerradura y con voz muy firme les dice:
─ ¡Qué poca vergüenza tienen ustedes! después del escándalo que hicieron la semana pasada, háganme el favor de largarse o me obligan a llamar a la policía.
Sólo eso esperaba el señor Secretario General, para intervenir con voz de político mexicano, en un mitin de proselitismo en una zona rural mexicana.
─Mire señora más le vale abrir la puerta y atender la petición del compañero Gilberto, ya que diez mil trabajadores de la Sección 147 estamos codo con codo apoyándolo en su petición, y no cejaremos en nuestro intento, hasta que nuestro compañero vea reivindicado sus derechos.
Al escuchar semejantes palabras la señora abrió la puerta y los atendió en el zaguán, en donde oficialmente el compañero Ruperto hizo la petición matrimonial a nombre del novio.
─A sabiendas de que es usted una señora viuda insistí en que lo mejor sería que una mujer hiciera este oficio; pero la verdad es que su hija nos disuadió tomando en consideración el recio carácter que siempre la ha caracterizado, por lo que aquí estamos para presentar al camarada Gilberto, quien es un trabajador responsable, sin vicios y muy cumplidor, no debe dinero en ninguna tienda ni en las cantinas, cuenta con una casa de su propiedad y las manos para mantener a su hija, ellos, que ya están de acuerdo desean casarse pronto por todas las leyes y además como usted diga y mande. ¿Qué contesta usted?
─Muy bien señores ya los escuché, les pido un plazo prudente para dar mi respuesta, me han sorprendido con ésta petición de mano, la verdad, mi hija es muy joven no sabe de las cosas de la vida y ella jamás me ha comentado nada respecto a que tenga novio. Por lo que les pido que regresen en un mes, para que nos den tiempo de platicarlo y resolver lo conveniente.
El señor Secretario General en esos momentos le hervía la sangre y levantando la voz, para ser claramente escuchado por sus acompañantes:
─Señora el Sindicato Minero no está acostumbrado a permitir plazos, no estamos recurriendo a la Junta de Conciliación, demandamos una respuesta inmediata, ya que consideramos justa y razonable la solicitud de nuestro agremiado, no pretendemos llegar a usar la fuerza de nuestra Sección Sindical, pero si fuera necesario estamos dispuestos a recurrir a una movilización masiva en apoyo de nuestra justa solicitud.
Lo anterior proporcionó tiempo a la señora, quien de inmediato dijo en forma por demás razonable.
─Señores parece que ya nos estamos entendiendo, los espero mañana martes a la misma hora, buenas noches.
El líder sindical todo perplejo se retiro con toda su comitiva, habrían caminado unos cien metros cuando interrumpiendo la marcha, dijo:
─La conclusión que se me ocurre a éste episodio que acabamos de vivir, es que solo cuando se tiene la razón y se habla con autoridad, es fácil encontrar la respuesta que se busca. Todos se quedaron a cenar en “El Charro” a invitación expresa del líder del gremio.
Al siguiente día, acudió la comitiva con la misma membrecía, después de estar insistiendo tocando a la puerta, una vecina abrió la suya y les comentó:
─La señora y su hija abandonaron la ciudad muy temprano el día de hoy, se fueron por “Autobuses Anahuac”; pero no sabemos adonde ni cuando regresarán.
El Secretario General montó en cólera y ordenó que se mantuviera una guardia permanente, que vigilara constantemente la casa. ─Ésta señora, a partir de hoy empezará a conocer al sindicato de mineros.
La guardia duró escasamente una semana; ya que la novia de Gilberto lo llamó por teléfono desde San Buena, dándole la noticia de que regresaban en fecha próxima.
Lo anterior lo hicieron del conocimiento del Secretario General, para su información y en espera de sus instrucciones.
Llegó la fecha soñada por Gilberto, quien tuvo una breve charla con la novia en la nevería “El Popo” en la que fue informado de la negativa que al respecto tenía su señora madre.
A los pocos días la totalidad de los miembros del Comité Ejecutivo del Sindicato, mas el Juez del Registro Civil y Gilberto, se presentaron a la puerta de la familia y se celebró la ceremonia sin el consentimiento de la madre, debido a que la novia tenía la mayoría de edad. La señora estupefacta permaneció muda, no estuvo de acuerdo en felicitar a los desposados, tampoco aceptó dar la mano al novio ni besar a la hija, que entró a su recámara y salió cargando una maleta.
Los novios seguidos por la comitiva sindical recorrieron la Plaza principal de Monclova, los transeúntes no comprendieron de que se trataba aquella pequeña caravana que entre risas festejaban un triunfo adicional de la unión de voluntades.
En las primeras horas de la tarde, se reunieron en “El Conejo” todos los funcionarios del Comité Ejecutivo del Sindicato Sección ciento cuarenta y siete y Ruperto para celebrar el triunfo sindical con una abundante barbacoa y cervezas.
El Señor Secretario autoridad máxima del obrerismo local, improvisó un largo discurso, en el que enumeró los triunfos históricos de los obreros organizados en cada acto en que la justicia y la razón, están de parte de las clases oprimidas.